viernes, 2 de septiembre de 2016

Primer paso: El médico de cabecera.

Hola de nuevo, 

Ayer me cogí el día libre para disfrutar de un día en familia y, como suele ocurrir, acabé tan agotada que no estaba para nada...

Bien. Al lío. Ahora que ya sabéis quien soy y porqué estoy en este punto, empiezo a contaros el proceso en sí.

Antes que nada, deciros que yo soy usuaria de Sanidad Pública, así que no tengo ni idea de plazos, ni costes, ni pasos del proceso en caso de acudir a la sanidad privada, lo siento. Yo os contaré como he ido gestionándolo todo a través de la Sanidad Pública. 


De primeras, me voy a permitir daros dos consejos que nadie ha pedido, pero que para mí son básicos.

1.- Cuando vayáis al médico, id con paciencia. Cuando entráis en consulta queréis que el médico os dedique el tiempo que necesite, y todos los demás esperan lo mismo. Seguramente, un médico que pasa consulta con un reloj en la mano, no es lo que se necesita cuando vas al médico.

2.-Elegid muy bien vuestro médico. Tu médico de cabecera es alguien en quien vas a tener que confiar, así que es mejor tener cierto feeling con él/ella. Cada persona tiene sus preferencias en una consulta, así que cada uno elige un médico con un carácter u otro. Con esto, lo que quiero decir es que si no os gusta vuestro médico, no tengáis miedo de cambiar. Seguro que en vuestro centro de salud hay un profesional con el que encajaréis mejor.


Y ahora entraré en materia. Yo tengo un médico maravilloso. Es una persona discreta, que me conoce y que es muy clara a la hora de explicarte las cosas, y que además lleva tiempo conmigo, con lo que sabe de mis antecedentes, de mis preferencias, en resumen, de mí.

Así que ya me tenéis a la vuelta de Milán, aún con el susto en el cuerpo, pido cita con mi médico y voy a verle. 

Me saluda, me pregunta qué necesito y le digo que me gustaría que me derivara al endocrino. 
Como me conoce y sabe que llevo casi toda la vida con mucho sobrepeso y nunca le he puesto solución por mi salud, sino que lo único que me movió en su momento fue la voluntad de ser madre, y además (también hay que decirlo) es un guasón, me dice: ¿Y para qué? 
A lo que yo respondo que para adelgazar. 
-Pero yo creía que tú pasabas de esto, que a ti te da igual... (Como veis no pensaba ponérmelo fácil) 
Así que le conté una versión muy light de mi viaje, que no había podido disfrutarlo porque me cansaba, porque me daba miedo ponerme enferma y que no quería que me pasara nada...

Y ahí ya empezó a hablar en serio, porque veía que yo también iba en serio. Me dijo que ya era hora, que tenía que ponerle solución mientras estuviera sana, porque sino luego vendrían complicaciones que me lo pondrían mucho más difícil y que se alegraba mucho. 

También me preguntó hasta que punto estaba dispuesta a llegar, si me plantearía operarme. Cuando le dije que sí, que si era necesario lo haría, me habló del cambio de vida que eso requería porque si no hacía lo que me decían volvería a recuperar lo perdido y no habría servido para nada, siempre sin entrar en datos concretos porque el quería que fuera el cirujano el que me hablara del procedimiento en detalle.

Además, me pidió una analítica completa para ahorrarme una consulta de endocrino, ya que lo primero que te va a pedir un especialista en la primera visita es eso: una analítica completa (ya os he dicho que mi médico es muy majo).

Cuando salí, pedí cita para el endocrino. Me la dieron para tres semanas después. Así que pedí cita para la semana siguiente para la analítica, porque lo habitual en una analítica con hormonas es que los resultados estén en dos semanas.

No hay detalles sobre la analítica que valga la pena remarcar: vas, te sacan sangre, la mandan al laboratorio e introducen los datos en el ordenador para que el especialista los tenga en el momento de la consulta.

En el siguiente post, la primera consulta con el endocrino.

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