jueves, 27 de octubre de 2016

Paso 3: Casi todas las pruebas intermedias.

Hola de nuevo.

Es cierto, ya tengo todas las pruebas hechas, a falta de un tránsito gastrointestinal (suena prometedor...)

He pasado por la nutricionista (dos veces). Me ha dado pautas muy útiles a la hora de controlar mi peso. Y aunque no he bajado mucho, lo que es seguro es que no subo. La próxima cita es para dentro de un año, así que parece que para ella lo estoy haciendo bien.

Me he hecho una radiografía y una ecografía que como pruebas no tienen mucho secreto. Todo el mundo se ha hecho una radiografía alguna vez y las ecografías tampoco tienen más miga que "gelatina fría" en la tripa y un aparato donde te miran los órganos y su estado general. Lo mejor de todo, estoy sana, así que también he superado este nivel.

La única prueba que no me habían hecho nunca es una gasometría. Consiste en una analítica que se hace al momento. La única peculiaridad es que te pinchan en una vena en la muñeca, y que si no te ponen un poco de anestesia local dicen que puede ser muy doloroso, porque la vena está cubierta de nervios y eso duele. Afortunadamente, me pusieron la anestesia y no noté casi nada. Y los resultados, también perfectos.

Y también hay que tener en cuenta la consulta con la UTCA, psicológica. Me pasaron unos cuantos tests, y me hicieron preguntas básicamente sobre dos temas: el motivo por el que quería perder peso y la red de apoyo con la que cuento a la hora de afrontar la cirugía bariátrica. No sé cuales son los resultados de esas pruebas, pero supongo que habrá salido bien.

Con esto lo único que nos queda es la prueba del tránsito, que como os decía al principio es a finales de noviembre. Hasta entonces, poco más podré contaros, así que hasta entonces.

Buenas noches.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Segundo paso: Endocrino

Hola de nuevo.

He tardado unos días en volver. Pero como imagináis, el proceso no es el más rápido del mundo, y aunque estoy a punto de terminar las pruebas previas, me falta un mes para la última, así que os voy a contar poco a poco, a medida que vayan pasando cosas.

Como decía en el título, después de mi visita al médico de cabecera y la analítica me fui a ver a mi endocrino a Son Espases.

Mi endocrino y mi médico de cabecera no se parecen en nada. Os dije que mi médico de familia es un sol... Mi endocrino no lo es tanto. Aun así es una persona atenta y educada, aunque el tacto no es su fuerte.

Como se puede suponer, lo primero que haces en la consulta es pesarte. Hay una báscula que recuerda a las de camiones, adaptada a persona de movilidad reducida y esas cosas. 140 kilos. A lo que el responde, no puede ser. Y yo pienso para mí, me cae bien este hombre.

Lo cierto es que no aparento lo que peso. Se me ve obesa, pero nadie pensaría que llega a tanto.

Le digo al médico que sí, que me había pesado por la mañana y rondaba la cifra, así que era correcto. Valoramos las posibilidades y me pide el estudio para cirugía bariátrica.
Las pruebas son:
* Gasometría
* Nutricionista
* UTCA (psiquiatría)
* 2 radiografías de torax
* Ecografía abdominal
* Tránsito gastroduodenal

Luego llegaron las malas noticias. Me dijo que mi analítica estaba bien, pero que tenía la hemoglobina glicosilada un poco alterada y que podía ser indicativo de un principio de diabetes. Me cagué. Perdonad la expresión, pero es que fue así. Recordad que os había dicho que mis analíticas estaban bien, que esa había sido siempre mi tranquilidad... Pues acababa de salir por la puerta. Se me ocurrió preguntarle que si era controlable con dieta y me dijo que en casos como el mío no confiaba en las dietas (empezaba a caerme un poco peor) y que me iba a pautar un par de pastillas al día para controlarlo.

Tengo que reconocer que en el fondo tiene razón, que sigue costándome muchísimo renunciar al azúcar, así que en realidad se lo agradezco. Pero ahora la metformina forma parte de mis rutinas matinales y nocturnas.

Para terminar me dijo que pidiera hora para unos 10 meses después que es lo que me iba a llevar hacerme todas las pruebas. Pensé que estaba exagerando un poco, pero dado que la lista de espera para la cirugía está en 5 años, creí que ese era el primero. Salí para pedir cita para las pruebas y solo pudieron darme la nueva cita del endocrino a los 10 meses, y para la nutricionista 4 meses después (Dios, no estaba exagerando...)

viernes, 2 de septiembre de 2016

Primer paso: El médico de cabecera.

Hola de nuevo, 

Ayer me cogí el día libre para disfrutar de un día en familia y, como suele ocurrir, acabé tan agotada que no estaba para nada...

Bien. Al lío. Ahora que ya sabéis quien soy y porqué estoy en este punto, empiezo a contaros el proceso en sí.

Antes que nada, deciros que yo soy usuaria de Sanidad Pública, así que no tengo ni idea de plazos, ni costes, ni pasos del proceso en caso de acudir a la sanidad privada, lo siento. Yo os contaré como he ido gestionándolo todo a través de la Sanidad Pública. 


De primeras, me voy a permitir daros dos consejos que nadie ha pedido, pero que para mí son básicos.

1.- Cuando vayáis al médico, id con paciencia. Cuando entráis en consulta queréis que el médico os dedique el tiempo que necesite, y todos los demás esperan lo mismo. Seguramente, un médico que pasa consulta con un reloj en la mano, no es lo que se necesita cuando vas al médico.

2.-Elegid muy bien vuestro médico. Tu médico de cabecera es alguien en quien vas a tener que confiar, así que es mejor tener cierto feeling con él/ella. Cada persona tiene sus preferencias en una consulta, así que cada uno elige un médico con un carácter u otro. Con esto, lo que quiero decir es que si no os gusta vuestro médico, no tengáis miedo de cambiar. Seguro que en vuestro centro de salud hay un profesional con el que encajaréis mejor.


Y ahora entraré en materia. Yo tengo un médico maravilloso. Es una persona discreta, que me conoce y que es muy clara a la hora de explicarte las cosas, y que además lleva tiempo conmigo, con lo que sabe de mis antecedentes, de mis preferencias, en resumen, de mí.

Así que ya me tenéis a la vuelta de Milán, aún con el susto en el cuerpo, pido cita con mi médico y voy a verle. 

Me saluda, me pregunta qué necesito y le digo que me gustaría que me derivara al endocrino. 
Como me conoce y sabe que llevo casi toda la vida con mucho sobrepeso y nunca le he puesto solución por mi salud, sino que lo único que me movió en su momento fue la voluntad de ser madre, y además (también hay que decirlo) es un guasón, me dice: ¿Y para qué? 
A lo que yo respondo que para adelgazar. 
-Pero yo creía que tú pasabas de esto, que a ti te da igual... (Como veis no pensaba ponérmelo fácil) 
Así que le conté una versión muy light de mi viaje, que no había podido disfrutarlo porque me cansaba, porque me daba miedo ponerme enferma y que no quería que me pasara nada...

Y ahí ya empezó a hablar en serio, porque veía que yo también iba en serio. Me dijo que ya era hora, que tenía que ponerle solución mientras estuviera sana, porque sino luego vendrían complicaciones que me lo pondrían mucho más difícil y que se alegraba mucho. 

También me preguntó hasta que punto estaba dispuesta a llegar, si me plantearía operarme. Cuando le dije que sí, que si era necesario lo haría, me habló del cambio de vida que eso requería porque si no hacía lo que me decían volvería a recuperar lo perdido y no habría servido para nada, siempre sin entrar en datos concretos porque el quería que fuera el cirujano el que me hablara del procedimiento en detalle.

Además, me pidió una analítica completa para ahorrarme una consulta de endocrino, ya que lo primero que te va a pedir un especialista en la primera visita es eso: una analítica completa (ya os he dicho que mi médico es muy majo).

Cuando salí, pedí cita para el endocrino. Me la dieron para tres semanas después. Así que pedí cita para la semana siguiente para la analítica, porque lo habitual en una analítica con hormonas es que los resultados estén en dos semanas.

No hay detalles sobre la analítica que valga la pena remarcar: vas, te sacan sangre, la mandan al laboratorio e introducen los datos en el ordenador para que el especialista los tenga en el momento de la consulta.

En el siguiente post, la primera consulta con el endocrino.

miércoles, 31 de agosto de 2016

¿Por qué?

Buenas noches de nuevo,

Como os dije, hoy quiero hablar de cómo llegué a la decisión de operarme. Y es que ésta no es la primera vez que me lo planteo. 


Ya hace casi 8 años, de la vez anterior. Hacía un par de años que me había casado y llevábamos un tiempo intentando aumentar la familia. Y no había manera. Hay pocas cosas más frustrantes... Cientos de mujeres se quedan embarazadas sin querer cada día y tú haces todo lo que sabes (y lees y te cuentan y te aconsejan), y no lo consigues. 

Cuando nos hicimos los estudios correspondientes nos dijeron que no íbamos a poder hacerlo por la vía natural y, ¡sorpresa!, con mi peso no podía entrar en el programa en sanidad pública. Entonces pesaba 128 kilos... Y no podías acceder si pesabas más de 90... Y ahí fue cuando se nos planteó por primera vez. Empecé el proceso, fui al endocrino, y antes de empezar con las pruebas, ¡¡¡me quedé embarazada!!! Evidentemente, todo quedó en el olvido rápidamente. Un bebé requiere todo tu tiempo y energía y al cabo de dos años vino el segundo, así que... (Lo sé, lo de que no podríamos tener niños por nuestra cuenta, no, no era del todo verdad :P).

Pero aquí estoy de nuevo. Han pasado 8 años y dos embarazos por mi cuerpo, y me han traído 13 kilos más.

Siempre he sido una persona sana. Mis analíticas están perfectas. No tengo colesterol, ni triglicéridos... nada. Ni me falta ni me sobra (en la sangre, claro). Y eso siempre me ha tranquilizado. Ha sido mi excusa favorita para decirme que no pasaba nada, que me sobraba mucho peso, pero que lo llevaba bien. Es fácil mentirse a uno mismo porque sabes perfectamente lo que quieres oír.
Pero llegó mi aniversario de boda. Y mi marido me regalo una escapada a Milán. Los dos solos (lujo asiático), cuatro días, en Italia (uno de mis lugares favoritos en el mundo).
Supongo que con mis antecedentes habréis podido deducir que no soy una persona físicamente activa, precisamente. Pero Italia tira de mí. Mi cabeza sólo quiere ver más cosas y mi cuerpo no tiene más remedio que seguirla (aunque sea a regañadientes). Evidentemente al final del día estoy machacada, pero da igual. Estoy en Italia. Duermo como un tronco y al día siguiente vuelta a la calle. Más machacada, con menos fuelle, pero con las mismas ganas. 
Y en una de éstas, visitamos el Duomo de Milán, y subimos a las terrazas superiores. Antes de que os echéis las manos a la cabeza, hay ascensor... o eso pensé yo. Y lo hay. Y subes hasta arriba en el ascensor... Y las vistas son maravillosas. Y de repente ves que se puede subir a las cubiertas para unas vistas aún mejores de la ciudad y ver de cerca La Madonnina. Solo os diré que comprobé por las malas que cuando se construían las catedrales no pensaban en las mujeres de 140 kilos que las visitarían 500 años después... Y tuve que asumir, también por las malas, que no estoy sana, que no está bien todo y que tengo que recuperarme por mi propio bien y por mi familia.
Subí, y llegué arriba, porque a cabezona no me gana nadie, pero cuando encontré un sitio para sentarme, me quedé allí, con el corazón latiendo como si estuviera a punto de salirse del pecho... No disfruté las vistas, o no mucho porque al final Italia es Italia, y no fui capaz de acercarme a la Madonnina... Me quedé allí, asustada, pensando en que no sabía como iban a sacarme de allí si me daba un infarto (cosa que no descartaba, tal y como me estaba latiendo el corazón en aquel momento).

Y ahí lo decidí. Tenía que hacer algo. Por mí, por mi marido, por mis hijos, por mis padres... Y aquí y ahora tengo que reconocer que es la primera vez que lo digo en voz alta, que lo recuerdo y reconozco como fue. 


Ahora ya no soy la única que lo sabe (o puede saberlo). Buenas noches.


martes, 30 de agosto de 2016

¿Quién soy?

Hola a todos. 

Mi nombre es Ana. Tengo 40 años. Estoy casada y tengo dos enanos de 5 y 7 años. Vivo en Palma de Mallorca. Y sufro obesidad mórbida. He aquí el quid de la cuestión.


Éste es en realidad el motivo de mi blog. Es más un desahogo propio que otra cosa... Y es mi manera de dejar constancia de un proceso que espero que signifique un cambio radical en mi vida.


Y es que hace un tiempo decidí someterme a cirugía bariátrica e intentar recuperar mi cuerpo. Ese cuerpo que tuve alguna vez y que ya apenas recuerdo. 


En el blog intentaré ir contando mi proceso previo a la operación y, si al final se da el caso, el proceso posterior a la misma. Tengo pocos o ningún conocimiento de medicina, así que si explico algo mal o hay algún error, espero que no me lo tengáis en cuenta.

Y hasta aquí mi presentación y me declaración de intenciones. En la próxima entrada, la exposición de motivos.


Un saludo.